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4 Septiembre 2007

Artículo - FÚTBOL Y ACCIÓN COLECTIVA: LA REINVENCIÓN DEL ESPACIO URBANO

Por David Madrigal

“El deporte otorga otro valor al tiempo,
pero también al espacio.”
Juan Villoro

“La clave para jugar al Fútbol es la participación.
El toque genera participación, el pelotazo, aislamiento.
El toque es el fundamento del juego, la participación
la condición indispensable.”
Ángel Cappa

“El Fútbol, abrazado por el mercado, crecerá como negocio.
Sin embargo, un solo niño que corra tras un balón
lo devolverá a su apasionante punto de partida.”
Jorge Valdano

El fútbol es un tema social que durante mucho tiempo fue tratado en la academia como mera diversión o como capricho frívolo de algún grupo de intelectuales. De la misma forma que pasaba con expresiones socio-culturales como las telenovelas, el fútbol carecía aparentemente de importancia en el campo de las ciencias sociales.

En este ensayo, me propongo relacionar temas que no son abordados en paquete con mucha frecuencia desde el campo de reflexión de las ciencias sociales, pero que sin embargo, son identificables en la vida cotidiana de las sociedades contemporáneas a partir de tres aspectos de la vida humana dentro y fuera de los contextos urbanos, esto es, lo lúdico, la capacidad de acción colectiva, y el uso, la apropiación y reinvención del espacio en la ciudad. Tomaré el caso del fútbol como movilizador social[1] y como forma de acción colectiva espontánea en ciudades de México como son, el Distrito Federal y la ciudad de San Luis Potosí. Me apoyo en observación empírica realizada originalmente para otros proyectos de antropología urbana, pero donde el Fútbol callejero, como práctica social, apareció una y otra vez. Ahora lo integro a esta reflexión, y lo incluyo en el marco de lo que Ulrich BecK y Natan Sznaider llaman “la reconceptualización de la ciencias sociales hacia un giro trans-disciplinario y cosmopolita”[2]. De acuerdo con estos autores, el giro cosmopolita de las ciencias sociales, sugiere una metodología que abre nuevos horizontes de investigación empírica, al trascender los presupuestos básicos dualistas de las teorías sobre la globalización, o de la teoría del sistema-mundo de Wallerstein, o de la sociedad-mundo de Luhmann. Se trata de abordar fenómenos transnacionales, que no globales, desde una perspectiva trans-disciplinaria que incluye a la geografía, antropología, relaciones internacionales, derecho internacional, filosofía política, teoría política y sociología[3].

EL FÚTBOL Y LA ACCIÓN COLECTIVA

La práctica del Fútbol es sin duda trasnacional. Así lo hace pensar una audiencia total de 26.290 millones de televidentes (24,200 millones en sus hogares y 2,100 millones fuera de sus hogares) y 4.200 millones de visitas a la página oficial de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), días antes y durante el campeonato mundial de Fútbol realizado en Alemania este año 2006[4]. En la actualidad este deporte es reconocido mundialmente como uno de los grandes movilizadores sociales. Es una actividad humana que reúne la necesidad de interacción lúdica en la vida social, con otros elementos de la composición societal moderna en las culturas contemporáneas. Desde su aparición en Europa, a finales del siglo XIX (Blasco, 2005), la práctica del fútbol se ha extendido por el mundo tanto en su faceta de espectáculo mediático para las masas, lo mismo que en su faceta de entretenimiento “espontáneo” que también es vehículo de distintas formas de acción colectiva.

La noción de “acción colectiva”, está tradicionalmente relacionada con la protesta social, en particular con situaciones consideradas, por los sujetos de la acción, como injustas. En mi planeamiento, la acción colectiva no es exclusiva del mundo de la protesta, ni se expresa en forma natural dentro de la esfera de la lucha política. En mi planteamiento, la acción colectiva no es muy diferente de “acción social”, ya que ambas nociones se refieren a acciones, o movilizaciones que no son producto de la reacción, sino que son producto de iniciativas; son desafíos conjuntos para lidiar con la distribución existente de poder, además son construcciones cooparticipativas de ciudadanía. En estos términos, uno de los planteamientos más claros respecto a los tipos de acción colectiva es el de Melucci, quién propone que la acción colectiva en las sociedades modernas, avanza en dos direcciones: una que podemos llamar de acción social, como los conflictos sociales, y otra que podemos llamar de ciudadanía (Melucci, 1999:83). Aunque. Las ideas de este texto van más en este último sentido, en ambos casos la vida en comunidad constituye el nivel más básico de la acción colectiva. La presencia de la comunidad, fundada en el eje territorio-experiencia (el espacio y las marcas culturales), no explica por sí sola las condiciones de existencia de una organización social, ni el origen de alguna acción colectiva. Para esto, es necesario indagar en el ámbito de las interacciones grupales y en el ámbito de la construcción de sus necesidades, incluyendo las necesidades lúdicas.

La combinación de fútbol y acción colectiva produce distintos tipos de prácticas con distintos tipos de consecuencias sociales y culturales que es pertinente analizar desde diferentes puntos de vista en las ciencias sociales (Fábregas, 2001:18). La práctica social que abordamos aquí, ha sido en general poco atendida. A pesar de su permanencia y su familiaridad entre los habitantes de las ciudades a lo largo de la historia. Nos referimos a la práctica que constituye un tipo de construcción social, que lleva a los individuos a apropiarse el espacio urbano, y a reinventarlo eventual y temporalmente en función de sus necesidades lúdicas y de interacción grupal a través del deporte del fútbol.

EL FÚTBOL Y LA APROPIACIÓN DEL ESPACIO EN FUNCIÓN DE LA INTERACCIÓN LÚDICA

El espacio lúdico es el ámbito de la expresión, de la confrontación y de la producción cultural. En la competencia de su exposición pública, el espacio lúdico conforma el sedimento desde el cual se constituye la base de la sociedad, y eventualmente, la base de su transformación en el campo de la libertad del pensamiento y de la expresión. La participación de los habitantes de la ciudad en un tipo de construcción lúdico-espacial como es la práctica callejera del fútbol, implica confrontación, iniciativa, aporte de pensamientos, interacción, propuestas y discusiones, que constituyen la esencia de lo que el pensamiento político contemporáneo ha venido a consagrar como el ejercicio de la ciudadanía;[5] más esto ha sido poco estudiado en nuestro continente.

En la América Latina de los últimos veinte años, el fútbol se ha estudiado, o bien, como integrador de identidades (Fábregas, 2001; Villena, 2003; Ramírez, 2003; Dávila y Londoño, 2003; Bayce, 2003), o bien, como socialización compartida a través de actos verbales (Antezana, 2003), ó bien, como deporte-espectáculo que tiene en el conflicto lúdico una ayuda para unir las complejas sociedades modernas (Lever, 1985). También ha sido abordado como reflexión periodística que se reúne en una obra para apoyar la formación comunicadores sociales y comunicólogos (Buendía, 1988), se ha estudiado como tema para incluir y trabajar la perspectiva de género (Binello y Conde et all, 2000). Se ha tratado como “megaevento” enclavado en la lógica de la globalización de mercados y la mundialización de la cultura (Cajueiro, 2000). Y existen también trabajos acerca de el fútbol como extensión de la política (Duke y Crolley, 2002), como un proceso de incorporación cultural entrando en una etapa de crisis (Gordon y Helal, 2002). Y más recientemente encontramos trabajos en los que el fútbol es visto como productor de distintos tipos de “capital social” (Seippel, 2006)[6].

Yo estoy involucrando nociones tales como “acción colectiva” y “mecanismo de movilización social”[7]. Desde la óptica de la acción colectiva, nos es útil distinguir la formalidad y la organización de las formas de participación social como las asociaciones, los grupos de interés, los grupos de presión, y otros tipos de organizaciones sociales, de la informalidad y la espontaneidad de formas de acción colectiva como la multitud, el auditorio, el disturbio, el motín, y de, comportamientos colectivos de masas como la histeria colectiva, el pánico, la afición pasajera o moda, el contagio social, y el rumor (Caballero,2001:191). El fútbol, dentro y fuera de la cancha, se mueve dentro de estos linderos. Es un hecho social que existe tanto en la formalidad y la organización de algunas formas de participación social, como en la informalidad y la espontaneidad de algunas formas de acción y de comportamiento colectivos. No obstante, si nos referimos únicamente a la práctica callejera del fútbol como hecho social espontáneo, el fútbol empalma muy bien con la noción de Alberto Melucci de “redes de movimiento o áreas de movimiento”, esto es, una red de grupos compartiendo una cultura de movimiento y una identidad colectiva, en donde esta última es entendida como un proceso mediante el cual los actores producen las estructuras cognoscitivas comunes que les permiten valorar el ambiente y calcular los costos y beneficios de sus acción (Melucci, 1999:66-73).

La combinación de lo lúdico y la acción colectiva espontánea, constituye un tipo de construcción social que mueve a los individuos a apropiarse el espacio urbano, y a reinventarlo eventual y temporalmente en función de sus necesidades lúdicas y de interacción grupal. Lo lúdico del fútbol callejero, radica aquí en su capacidad de invención y en su espontaneidad. Es una capacidad de crear nuevas formas que se extiende más allá del juego, hasta el espacio urbano en el que un grupo de jugadores reinventan el uso arquitectónico funcional de una calle, de una explanada en una plaza pública, o de un estacionamiento público, convirtiéndole en un terreno propicio para la práctica del soccer. El espacio social tiende a funcionar como un espacio simbólico, un espacio de estilos de vida y de grupos de status. El espacio geográfico es un espacio que se sobreconstruye a partir de procesos que no sólo tienen lugar en lo material sino, cada vez más, en el campo de lo simbólico (Nuñez, 2000).

Es así que la ciudad, y sus espacios urbanos, son tomados simbólicamente como escenarios tangibles que viabilizan identidades, relatos, representaciones y prácticas sociales que establecen los límites imaginarios del gusto, la manera de consumir y de practicar el fútbol en cada grupo. En la ciudad, la combinación de factores antropológicos locales, la imaginada necesidad de practicar el juego y los procesos de urbanización, se traducen en una estética urbana propia de cada calle, de cada barrio, de cada colonia; los factores, necesidad y procesos que desde una perspectiva general forman parte del universo humano actual presentado por los medios de comunicación como mundo-espectáculo; no es sino el mundo social[8] territorializado, en el sentido que lo proponen Alfred Schütz desde la fenomenología, y Gilberto Giménez, desde la antropología y la geografía cultural[9]. Los rasgos culturales locales, la necesidad de interacción lúdica a través de la práctica de un deporte popular como este, y los procesos de urbanización, nos colocan frente a un tipo de apropiación del espacio urbano que desde Henry Lefebvre (1976), hasta autores como Manuel Castells (1999)[10], y otros más locales como Claudio Lobeto (1996), denominan “apropiación diferenciada del espacio urbano”. Es decir, la utilización del espacio urbano como canal y vehículo de prácticas sociales. Así tenemos que en el barrio de San Miguelito de la ciudad de San Luis Potosí, lo mismo que se verá más adelante con la ciudad de México, aparentemente la práctica del fútbol callejero sucede de la misma manera, pero es así. En cada lugar, las prácticas sociales están moldeadas y construidas por los rasgos sociales y culturales propios de la localidad; por sus particulares necesidades de interacción lúdica, así como por las características que imprimen a los espacios los procesos de urbanización. La apropiación del espacio urbano en cada lugar es específica y distintiva:

“De la misma forma que ha pasado otras tardes, los niños de ésta calle salen de su casa pasadas las 7 de la noche para patear el balón un rato, luego organizar los dos equipos que jugarán como contrincantes en la ocasión. Es una calle estrecha, con casas que conservan su vieja fachada la mayor parte de ellas. El adoquín que hace de suelo para el tránsito de vehículos, ha venido perdiendo su lugar en algunas partes a lo largo de toda la calle; esto no impide que los 6 niños jueguen al fútbol como si estuvieran en una verdadera cancha: “hay bolita… ¡ahhhh!…¡golazo!, fue gol Daniel, córrele… chales, el Daniel no se la pasa a nadie”. La pelota pega en los pies de un señor que camina por la banqueta. “fue ese señor” -dice uno de los niños- “fue ese grandote”, se escuchan risas y otro grito: “hay bolita”[11].

Cuando califico la acción colectiva como un acto o un evento como “espontáneo”, lo hago en relación con otros actos previamente vividos u observados a los que considero parte de ciertas estructuras u órdenes preestablecidos. Es decir, lo que llamo espontáneo es aquello que por ser impredecible, incompleto o informal, resulta sospechoso (Loustaunau, 2004:375) y condenable para el orden urbano. Los cuerpos individuales se hacen cuerpo de un colectivo que va y viene dentro del terreno imaginado por todos mientras es momento del juego callejero. El juego mismo emplaza un lugar inefable entre el adentro y el afuera, entre el espacio que contiene y los que jugando están contenidos en él. El fútbol que se improvisa en algunos espacios de la ciudad, es entonces una práctica de ocupación temporal del espacio urbano, que se traduce una forma lúdica de construcción de ciudadanía, siempre que está última noción no se limite a los derechos más básicos como a la salud, a la vivienda, o a la educación, sino que sea entendida como una extensión a otros derechos como el derecho a la ciudad, y el derecho a interactuar con otros a través de la práctica informal del deporte. La informalidad y la espontaneidad no necesariamente están fuera del orden urbano preestablecido.

El fútbol callejero como acción colectiva espontánea, sucede en los márgenes imaginarios asumidos y construidos por los jugadores dentro de espacios urbanos originalmente planeados y diseñados para funciones propias de la ciudad, pero frente al desafío de la presente etapa de modernización del país en la cuál el orden del libre mercado trasciende al del Estado nacional, esta práctica, además, cuestiona la aparente inaccesibilidad a la esfera pública por otras vías que no sean las que marcan los medios de comunicación y los mercados globales. La capacidad de representación de la sociedad civil y de sus formas de acción colectiva está acotada por los contextos locales en términos socio-históricos, pero no todo lo que se presenta como acto de la sociedad civil, pertenece a la normatividad homogenizadora de la ciudadanía política (Loustaunau, 2004:376)

En otras palabras, la constitución de la ciudadanía se da también a través del juego en la dimensión pragmática de la vida de los ciudadanos; es un tipo de lucha lúdica con la que se reclama simbólicamente el derecho a la ciudad, por lo mismo es una forma de construir socialmente espacios de ciudadanía[12]. Esto se puede ver tal en lo acontecido en una de las avenidas importantes del centro de la Ciudad de México, durante los campamentos emplazados por los simpatizantes del candidato a la presidencia de la república por la llamada “Coalición por el bien de todos”. El hecho fue informado por un diario capitalino en los siguientes términos:

“En otros puntos del kilométrico campamento -que recorre desde la Plaza de la Constitución hasta la fuente de Petróleos, en el cruce de Paseo de la Reforma con Periférico- algunos optaron por jugar cascaritas intentando emular las jugadas de fantasía de Ronaldinho. Otras personas optaron por la discusión política, mientras muchos más practicaban partidas de ajedrez, baraja o dominó, y otros se inspiraban con canciones de los trovadores.”[13]

EL FÚTBOL CALLEJERO: LA REINVENCIÓN DEL ESPACIO URBANO

Se trata, entonces, de un tipo de práctica de ciudadanía, en la medida que toca el derecho a la ciudad, y que se aplica mediante la apropiación y reinvención de un espacio urbano para convertirlo en cancha improvisada de fútbol, la práctica de ciudadanía en este formato es algo innovador conceptualmente, más no es así en términos histórico-culturales. En la actualidad el juego de fútbol en la calle es considerado parte “natural” del espacio urbano mexicano y es concebido casi con la misma importancia que los lugares destinados para la religión o para realizar festejos. Pero esto tal vez está relacionado con cuestiones históricas ancenstrales como las que encontramos en una crónica de Sahagún:

“había dos juegos de pelota formando parte del núcleo principal de edificios de vital importancia religiosa para sus habitantes, uno era llamado Teotlachtli (lugar del juego d pelota de los dioses) en donde se llevaba a cabo una ceremonia en honor de Huitzilopochtli… El otro juego de pelota era llamado Tezcatlachco (que era un juego de pelota que estaba entre los cués) donde se celebraba la ceremonia en honor de Omácatl, el dios de los banquetes y las festividades.”[14]

Por otro lado, también es importante hacer referencia de la permanencia a través del tiempo, de la costumbre o hábito colectivo de reinventar un espacio urbano y convertirlo en terreno para practicar el fútbol. Esto también tal vez tiene relación con la historia antigua según vemos en el siguiente apunte:

“…para mediados del siglo XVIII el juego había sufrido algunas modificaciones, aunque es importante el hecho de que se seguía utilizando la pelota de hule y que los jugadores no podían tocarla con la manos (…) No se hace referencia a ningún tipo de cancha o construcción especial para la práctica del juego, sino que se habla de “campos anchurosos”, lo que hace pensar que ya para esa época todas las canchas antiguas habían desaparecido o se encontraban en desuso, pero el juego prehispánico, o una variante del mismo, seguía en boga.”[15]

Pese a los esfuerzos de los españoles para suprimir los tradicionales juegos de pelota mesoamericanos, argumentando que se trataba de un deporte ofensivo que atentaba contra la moral (Arbena, 2002:44), tanto el juego, como las canchas que conocieron los cronistas del siglo XVI, conservaron su significación entre los habitantes de Mesoamérica, puesto que de origen estaban relacionadas con su religión y creencias (Scheffler, Reynoso e Inzúa, 1985: 18)

El fútbol, más allá de lo que sucede durante el juego, más allá de lo lúdico, es un hecho social en el que convergen distintas dimensiones como la dimensión histórica, pero también, otras como la política, la dimensión económica, la dimensión cultural y la dimensión mediática. Un ejemplo de lo anterior lo encontramos en los resultados de una investigación realizada en Argentina, en donde se encontró que en momentos de politización fuerte de los debates sobre lo nacional, la centralidad de las narrativas futbolísticas decrece, hasta transformarse en pura mercancía mediática (o presunto argumento de ventas). Pero que en momentos de crisis de los relatos modernos de identidad, la importancia de las narrativas futbolísticas crece de manera importante, excediendo incluso el mundo masculino donde originalmente se despliegan (Alabarces, 2005).

Regresando al fútbol y el espacio urbano, a lo que yo denomino una práctica ciudadana que reinventa el espacio urbano, el trabajo conceptual nos obliga a tematizar con mayor precisión el contexto urbano como tal, sobre todo en la dirección de los marcos de circulación de significados que Hannerz menciona, es decir, el marco interaccional, el personal, el mercado, el Estado, y el de la movilización social (Hannerz, 1998).

El espacio urbano nos remite a una imagen, tanto bidimensional como tridimensional, formada por arquitecturas y elementos urbanos, también de tipo estructural (edificios y mobiliario urbano) y formal (ambientes, vegetación, población y actividades) (Tamayo, 2006:25). Concuerdo con este autor, y también con otros que piensan junto con Anthony Giddens, que para las ciencias sociales el espacio se ha entendido, en general, como un complemento de la acción humana, algo prefijado, meros contornos o contenedores de cosas y sucesos, cuya mensurabilidad es cronológica (…) El espacio es un concepto abstracto, desprovisto de carga simbólica. Adquiere significado sólo cuando se percibe, se usa, se practica, se posiciona uno con respecto a otros. Ello subraya aún más su carácter relacional, porque significa la conexión con los otros. Es un estar con los otros.Y estar significa habitar, poseer o apropiarse de las cosas (Heidegger,2000; Cisneros, 2006 citados en Tamayo, 2006:26). La apropiación como proceso social de uso, ocupación y transformación de un valor de uso, nos propone la indivisibilidad del circuito producción/consumo. Presupone una base legítima para el uso de valores de uso sociales. Se privilegia el uso del suelo, no la propiedad.

Así, la fisonomía de las ciudades se va alterando día a día. Los límites se expanden más allá de los mapas oficiales. La apropiación y reinvención del espacio se vuelven el tejido fino de los procesos de urbanización en los que las ciudades satélites se van agregando a la "mancha urbana" inicial, y hacen difusas las fronteras. En el proceso de construcción social confluyen este tejido fino, con la necesidad de nuevas vías de comunicación, los transportes públicos, el desorden en el tráfico vehicular, y todos los cambios que vienen ligados al macro-crecimiento y la transformación de las urbes. Tal vez sea lo anterior, por lo que esto que llamo “tejido fino del crecimiento urbano”, está siendo revalorado en los últimos años por la geografía cultural. La identificación del área de extensión de un determinado rasgo cultural o de un complejo cultural, con su correspondiente paisaje, conduce al geógrafo a hacerse preguntas sobre los procesos que intervienen en su formación y sobre las condiciones contextuales que están relacionadas con ellos. Las prácticas sociales son uno de estos procesos de construcción colectiva que intervienen en la estructuración de los contextos, pero hay mucho por saber todavía acerca de la importancia de las “geografías personales” y de las imágenes colectivas sobre los comportamientos humanos y espaciales, así como, de los filtros culturales que influyen en la elaboración de dichas imágenes (Blasco, 2005). El fútbol que se practica en las calles de nuestros contextos, puede ser un camino para este tipo de exploraciones.

Conclusiones

El fútbol, dentro y fuera del estadio, constituye prácticas estético-políticas y socio-estéticas, es decir, manifestaciones en donde lo reivindicativo y la demanda se entremezclan con aspectos lúdicos e intenciones estéticas que articulan una dimensión simbólica y un sistema comunicaciones (Lobeto, 1998). El aficionado al fútbol es por una parte ciudadano que hace uso de su derecho a la ciudad, se la apropia, la reinventa cuando improvisa una cancha para protagonizar un partido a mitad de la calle, pero es también consumidor que está expuesto, quizá de forma inevitable, al impacto de los medios masivos en cuanto a ciertas versiones de la realidad construidas y difundidas por ellos para favorecerse. Los flujos comunicacionales y simbólicos, dan lugar a mecanismos de fragmentación-concentración en el campo cultural, articulando el bombardeo de los medios masivos, con las instancias locales en las que se reconstruyen conflictos propios, memorias colectivas e identidades particulares. Esto da como resultado un sinnúmero de mutaciones culturales, cuyos signos mas visibles se expresan en la aparición y desaparición continua de actores sociales, que hacen de las ciudades, espacios-escenarios en las que se materializa el entrecruzamiento de producciones socio-estéticas diversas (Lobeto, 1998); el fútbol callejero es una muestra de ello.

El espacio ciudadano es un ámbito que se crea por la apropiación ciudadana de sus espacios públicos. El ciudadano interactúa y se expresa en el espacio físico dotándole de significación. Los espacios ciudadanos son objetivos y subjetivos a la vez. Se constituyen objetivamente a través de la apropiación social del espacio físico, que involucra a objetos, arquitecturas, regiones, redes de ciudades y personas físicas que califican ese espacio y denotan el tipo de interacción social, y a través de la comunidad puede convertirse en demanda ciudadana: el derecho a la ciudad, el derecho a la autodeterminación, el derecho a la soberanía, o el derecho a la autonomía cultural. Los espacios ciudadanos se constituyen subjetivamente a través de representaciones, imaginarios, interpretaciones de los actores colectivos que en torno a ello le dan sentido a su acción social y a sus prácticas ciudadanas (Tamayo, 2006:32,33).

El poder ciudadano se muestra en varias dimensiones, algunas de estas más visibles que otras. En el caso del fútbol a través de los medios de comunicación, la clasificación de un equipo a la ronda de finales puede catapultar a la gente a tomar la calle, derivando algunas veces en manifestaciones políticas. En el caso del fútbol a través de la práctica callejera, los partidos pueden funcionar como escenarios donde se expresa la realidad contextual en que viven los participantes, así como sus problemas, sus formas de interacción, o sus necesidades de juego, además de muchas otras características distintivas de su mundo social. Es evidente que para investigar este tipo de hechos sociales es necesaria una perspectiva interdisciplinaria, en la que la sociología, la antropología, la psicología social, la comunicología, la geografía cultural y los estudio urbanos, entre otras, busquen nuevos horizontes de comprensión de la conducta humana y su interconexión con los procesos socio-culturales que acontecen en contextos urbanos. Los lugares del espacio público donde se practica el fútbol, donde intervienen factores sociales, culturales, económicos, ideológicos o tecnológicos que dan como resultado la creación física de soportes urbanos, son lugares mediados por procesos sociales relativos al intercambio, conflicto y control que dan lugar a la construcción social del espacio. El tejido fino de la transformación espacial en las ciudades, sucede a través de la interacción social, el juego, los recuerdos, las imágenes y el uso diario de los soportes materiales.




[1] Cuando se habla aquí del Fútbol como “mecanismo” de movilización social, damos por hecho que este rasgo no es en definitiva algo exclusivo de este deporte. En la actualidad también son grandes movilizadores sociales otros deportes como el béisbol, el basketball, el Fútboll americano, y otros. Me refiero al Fútbol en particular, debido a que intento tomar el caso de uno de los deportes con mayor capacidad de respuesta social, para relacionar conceptos de varias disciplinas comúnmente asumidas como ámbitos de investigación separados.

[2] (Beck y Sznaider, 2006: 13-17).

[3] Ibid. p. 1

[4] Federación Internacional de Futbol Asociación, http//: www.fIfa.com.

[5]Para ver más sobre la definición de “espacio lúdico” se puede consultar: Arbelaez Pinto, Julio Enrique. 2002 Espacio Lúdico: una construccion social y comunitaria. Texto publicado por el Centro de Documentación Virtual en Recreación, Tiempo Libre y Ocio, a propósito del VII Congreso Nacional de Recreación - II ELAREL realizado del 28 al 30 de Julio de 2002 en Cartagena de Indias, COLOMBIA. Disponible en línea: http://www.redcreacion.org/documentos/congreso7/JArbelaez.html, consultado en Mayo de 2006.

[6] No tengo intención de abarcar todos los tipos de estudios que se han realizado en América Latina acerca del Fútbol. Pese al poco desarrollo que tiene la investigación en ciencias sociales acerca del deporte en general, y del Fútbol en particular, sería objeto de un artículo en sí, tratar de dar un panorama exhaustivo del estado del arte en esta materia. Tal empresa es imposible en este documento tanto por motivos de espacio, como por la cantidad de información que soporta este tipo de medio.

[7] Le llamo “mecanismo” a la capacidad de movilización social del Fútbol o de otro deporte, apegado a la acepción que permite pensar la palabra como una combinación de elementos de un cuerpo construido socialmente para la producción de una acción. Aunque la palabra “mecanismo” nos remite en principio a una percepción del universo como una maquinaria perfecta, así como a un vocabulario científico emanado de una visión mecanicista del mundo, dominante desde el siglo XVIII, y ciertamente muy discutida hoy en día; me parece importante destacar que el Fútbol es un deporte que se conoce, se practica y que genera emociones y debates en todas las culturas y en todos los países del planeta, es un deporte que integra grupos, comunidades, culturas e ideologías, lo mismo en un barrio antiguo de una ciudad de la provincia mexicana que un pueblo ubicado al otro lado del globo.

[8] “El individuo vivencia entonces el mundo como algo compartido con sus congéneres, es decir, como un mundo social. Y como hemos dicho repetidamente, este mundo social nos es de ninguna manera homogéneo sino que muestra una estructura multiforme. Cada una de sus esferas o regiones es a la vez una manera de percibir y de comprender las vivencias de otros” (Schütz, 19993:169).

[9] El espacio apropiado por un grupo social donde se escenifica su mundo de interacciones (Giménez, 2005).

[10] La diferencia en este autor radica, desde mi punto de vista, en que pone el énfasis en el espacio como soporte material de las prácticas sociales que comparten una temporalidad específica, materialidad que contiene lo simbólico y el sentido como productos sociales: “todo soporte material conlleva siempre un significado simbólico. Mediante prácticas sociales que comparten el tiempo hago referencia al hecho de que el espacio reúne aquellas prácticas que son simultáneas en el tiempo. Es la articulación material de esta simultaneidad la que otorga sentido al espacio frente a la sociedad"(Castells, 1999:445).

[11] Registro etnográfico realizado el martes 15 de Junio de 2004, entre las 6:45pm y las 8:30pm, en la calle de Fernando Rosas del Barrio de San Miguelito de la ciudad de San Luis Potosí. Este es uno de los barrios fundacionales de la ciudad, donde las calles conservan buena parte de su traza original. El barrio carece de espacios amplios, áreas verdes, o infraestructura deportiva para practicar deportes como el Fútbol de otra manera. La excepción la hacen, los niños que viven en las calles cercanas a la plaza principal del barrio. Estos niños juegan fútbol en la explanada que se encuentra a las afueras de la iglesia que lleva el mismo nombre del barrio y del santo patrono San Miguel arcángel.

[12] En términos epistemológicos se traducen como el resultado del desacoplamiento entre la dinámica estructural del sistema mundial y los procesos históricos particulares, entre sistema y mundo de la vida, entre estructura y agencia, entre lo global y lo local, entre universalismo y particularismo, entre objetividad y subjetividad. Estas dicotomías son, en realidad, interfases de tensión del mundo social y no meras polarizaciones. Al menos así se deduce de las propuestas teóricas de Wallerstein (1987), Habermas (1989), Bourdieu (1989, en Wacquant, 2002), Giddens (1995), Cohen (1987, 1996) y Touraine (1993), entre otros. Para mí estas mediaciones generan espacios de conflicto que se presentan por la existencia de distintos niveles y ámbitos de actuación. El equilibrio o acoplamiento de los extremos puede producirse, siguiendo estas mismas líneas teóricas, a través de la acción social, de la acción comunicativa, del habitus, de la cultura, del análisis histórico o de la construcción del sujeto social, pero los sujetos, cualesquiera que éstos sean, deben ser conscientes a plenitud de la necesidad de este acoplamiento(…)En este sentido, “espacios ciudadanos” se define como un campo de conflicto que testifica, a veces dramáticamente, la resistencia a la dominación, la desigualdad y la injusticia. Es un espacio político, real y metafórico, donde se sitúa hoy la lucha social. (Tamayo, 2006:13-14).

[13] Nota informativa de Emir Olivares Alonso, titulada “Primera jornada de plantón: de la verbena al desconcierto de capitalinos”. La jornada, sección política, Martes 1 de agosto de 2006.

[14] (Scheffler, Reynoso e Inzúa, 1985: 25,26).

[15] Ibid p. 44,45.

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Las referencias documentales se encuentran en la versión completa en word.

Versión completa

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David Madrigal es Maestro en Antropología por el Colegio de San Luis tiene una licenciatura en Comuniación, estudia actualmente un doctorado en estudios urbanos en el Colegio de México y es colaborador activo de enRedes MSI.


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