Introducción a la educación para la participación ciudadana; vivir en la creatividad social entre lo público y lo privado.

Por Edgar Josué García López


El espacio construido por el ser humano, con la ciudad como principal paradigma, es, ante todo, un espacio para ser ocupado, para servir y ser usado, para llenar y vaciar con la presencia real o simbólica, para interactuar con otras personas en un entorno y para interactuar con el entorno en tanto que personas. Sergi Valera

Dialogar con el lector es mejor que una introducción…

Varios son los problemas conceptuales que se deben afrontar cuando se decide escribir sobre aspectos como la ciudad, la participación y la educación. En los últimos años diversas comunidades académicas y políticas internacionales han realizado innumerables ejercicios de participación ciudadana con la intención de promover procesos democráticos del orden local con impacto global. Una de las razones que justifica el mediano éxito de dichos programas es la afirmación de que no existe cultura de cooperación en la sociedad.

Pretender llegar a convencionalismos que nos expliquen de manera total y específica los caminos para alcanzar dicha democracia es escribir nuevamente sobre una visión sesgada que en su naturaleza de verdad absoluta se descartaría a sí misma.

El objetivo del presente texto es plantear el problema de la participación ciudadana como un problema que compete a la educación, estableciendo la hipótesis de que para generar una cultura participativa se requiere precisamente promover una educación participativa.

Para contextualizar al lector sobre el tema revisaré algunos aspectos teóricos que se me han planteado cuando he trabajado con grupos de acción ciudadana, que por supuesto cuentan con vasta experiencia práctica, pero que aun no se han detenido a generar suficiente literatura.

Los cuestionamientos abordados son: ¿Qué debemos de entender por educación en espacios públicos y educación en espacios privados? ¿Cómo se construye la participación ciudadana desde el ámbito educativo? ¿Educación social, cívica o participativa? ¿Qué lugar ocupa la educación participativa en la filosofía? ¿Tenemos falsas percepciones de la moral en la educación participativa? ¿Hacia dónde vamos con eso de la participación ciudadana como campo para la educación?, cada una de estas interrogantes compone los apartados del texto que a continuación expongo.

1. Educación, espacio público y espacio privado.

Tarea compleja es definir educación es su concepción más simple. Según Santo Tomás de Aquino, “Educar (Educere) es hacer pasar de un estado a otro, ayudar a salir… enseñanza se refiere a un sujeto en potencia activa de aprender” (Beuchot, 1992:164), es decir que podemos verle como un proceso que comienza en un plano individual, pero que tiene trascendencia en lo colectivo. Como señala Ferrater (2004:) “educación es establecer fines y metas, en función del hombre social y dentro de un contexto social, económico, político y cultural concreto, una cosa es educar para el mantenimiento del "status quo ", y otra para cambiarlo.”

Los procesos de aprendizaje en el hombre provienen en su mayoría de la imitación de signos y símbolos que culturalmente le son heredados y en cuyo proceso de adopción él mismo impregna innovaciones, voluntaria o involuntariamente, que más tarde serán asimiladas por los próximos integrantes de sus grupos de acción, Freire describe la educación como el llegar a ser críticamente consciente de la realidad personal, de tal forma que se logre actuar eficazmente sobre ella y sobre el mundo. (Suárez; 2001).

Entonces la Educación es un acto individual, que nos convierte en sujetos y un proceso colectivo que nos transforma en seres sociales, los otros factores que componen la ecuación enseñanza-aprendizaje son precisamente los espacios público y privado que funcionan como incubadoras de conocimiento en ambos niveles.

Es en este momento cuando consideramos la segunda dificultad conceptual (hasta cierto punto filosófica) y que parece tener variadas salidas teóricas y algunas otras prácticas, ¿Qué es lo público, qué es lo privado?

Podemos responder tal cuestionamiento desde dos perspectivas, precisamente para facilitar ese sentido práctico.

Primero tomando como eje el Estado porque es desde ahí, desde donde nos son permitidos comportamientos al interior y al exterior de espacios que según el mismo Estado nos pertenecen (lo privado) y no nos pertenecen (lo público), cargando de regulaciones jurídicas la dinámica social. Menciona Habermas (1986) que “el público, constituido de individuos que hacen uso de su razón, ocupa la esfera o espacio público controlado por la autoridad y lo transforma en espacio donde la crítica se ejerce contra el poder...” Estos procesos de crítica, se vuelven acciones permitidas en los espacios, paradójicamente, no nuestros y de todos, hasta que rebasan los límites del respeto a las acciones de los demás, aunque en muchas ocasiones se ve rebasada esa premisa sin que pase nada.

Ahora, el otro eje es la Ciudad, que por ahora lo urbano, sobre la que Jesús Galindo dice que “es el nicho ecológico ideal para cierta configuración económica y política… Todo principia con la imagen de la vida urbana de hoy como textual, y de ahí derivan las preguntas sobre sus configuraciones posibles.

A diferencia de la primera postura, aquí se privilegia el sentido de lo privado, aún desde lo urbano, la adopción de los espacios, porque la ciudad es de quien la vive, de quien construye su dinámica todos los días, muy a pesar de lo que señala Lomnitz (2003) al respecto que “México se ha convertido en un país lleno de rentistas, un país que cobra caro por el uso de sus bienes públicos, ya estén éstos en manos del gobierno o de los grandes empresarios.”

Cualquiera de los dos ejes que se elija para definir los espacios, sea la calle lo público, el hogar lo privado, los espacios prohibidos lo público, los espacios apropiados lo privado o lo público la escuela y lo privado la familia, debemos reconsiderar el papel que juega la educación en dichos procesos de transformación social que estamos viviendo.

El proceso educativo es distinto dependiendo del espacio donde se promueva, aun siendo el mismo fin, la dinámica social refiere a procesos diferentes, mismo que van desde la llamada educación formal a aquella se realiza en el aula o informal cuando es fuera de ella, describir en que consisten dichas diferencias son motivo de futuras disertaciones.

2. Ciudadanía, participación y educación.

¿Quién es y quién no es ciudadano?, la tangente que no debemos atravesar para salir de la cuestión es la edad, decía Santo Tomás de Aquino, “la adultez consiste en haber llegado a madurar aceptablemente en las virtudes, así morales como intelectuales.” (Beuchot, 1992) Si bien con la edad llega a la maduración y en países como México la Ciudadanía se obtiene con la mayoría de edad, no es el único factor a considerar en cuanto a establecer la ciudadanía, para García Canclini (1994) la ciudadanía se refiere a las "prácticas sociales y culturales que dan sentido de pertenencia" y es en este ámbito de la Cultura de donde partiremos para considerar como es que se construye la participación ciudadana desde la educación, una definición más incluyente que excluyente dónde todas las edades, los géneros y otras particularidades no son más que delimitaciones del público.

Jiménez Serradilla (2005) hace alusión a dos principales agentes educadores, donde se lleva a cabo la “socialización primaria” consistente en configurar la personalidad y la adquisición de habilidades de relación y la escuela donde se especializan los conocimientos y se desarrolla un proceso de “socialización secundaria”.

Construir ciudadanía participativa es un proceso lento y frustrante cuando no hay condiciones propicias para hacerlo, cuando no existe una cultura de cooperación, una identidad colectiva, un sentido de pertenencia y trascendencia comunitario que nos motive a mantener un progreso sostenible, digno de ser heredado a próximas generaciones en método y resultado, para Tomás Rodríguez Villasante el camino es la creatividad social, caminos de acción que nos lleven lejos de círculos viciosos, alejados del miedo a caer en guerrillas o guerras civiles, ser creativos desde lo diario, como algo propio, natural, ser creativos en el sentido práctico de la palabra, crear, transformar, adaptar – se, en el ejercicio social que en sí ya es cambiante, “hay que vivir la creatividad como un estilo cotidiano, pues el entrenamiento para superar los bloqueos no es fácil improvisarlo como una mera técnica aislada” (Rodríguez Villasante, 2006), y ese proceso es precisamente el proceso de la educación participativa.

3. Educación social, Educación Civil y Educación participativa.

Diferentes ejercicios de participación existen sobretodo en Hispanoamérica, acciones para construir democracias participativas. Escuelas, observatorios, grupos técnicos, son sólo algunas acciones que los sectores académicos, de investigación o incluso paraestatales han emprendido para conseguir tal objetivo en las últimas dos décadas; sin embargo el camino es largo y por lo menos en México hay mucho por hacer.

Podemos distinguir tres estadios en el proceso de formación de la llamada “cultura de participación”, señalo “cultura” entre comillas sólo para acotar que vivimos en un país de la creación de “culturas”, “cultura del agua”, “cultura del reciclaje”, entre otras, según García Canclini (1993) en uno de los países donde más consumo cultural existe y menos investigaciones al respecto hay.

Uno a uno los estadios del proceso de formación de cultura de participación se construyen y deconstruyen entre sí casi sin ser percibidos unitariamente, la educación social, la educación cívica y la educación participativa.

Primero la educación social, social porque aunque su principal objetivo es el de dotar al sujeto de conocimientos suficientes para desarrollar una profesión u oficio, finalmente su destino será el de integrar a personas útiles en su colectividad, este largo proceso a manera de juegos tiene la finalidad implícita de establecer y fortalecer las relaciones entre los individuos; al respecto Jiménez Serradilla (2005) explica que “en este sentido, aunque el grupo de pertenencia impone el aprendizaje como un mecanismo adaptador a sus requerimientos, la educación se ha de ver como una adaptación y superación del medio. A la educación le compete buscar una adaptación superadora”.

Esta simbiosis entre el sistema educativo y el sistema social Suárez Díaz (2003) didácticamente lo ha explicado como dos estructuras diferentes con niveles de interdependencia que tienen la finalidad de mantener al primero en su estatus de autónomo, libertador, creativo y con identidad propia, sin perder de vista las funciones de ambos sistemas.

Educación cívica como segundo nivel del proceso hacia la educación participativa, puede entenderse como parte de la educación social, específicamente aquel apartado que tiene la finalidad de construir democracia haciendo conciente al educando de su situación con respecto a derechos y obligación en tanto ser social, según la Secretaria de Educación Pública en México se entiende como el proceso a través del cual se promueve el conocimiento y la comprensión del conjunto de normas que regulan la vida social y la formación de valores y actitudes que permiten al individuo integrarse a la sociedad y participar en su mejoramiento; con la finalidad de que conciba ciudadano y participe en las decisiones del país. (SEP, 2007)

Por último la educación participativa, que no debe confundirse con otros programas como el de Educación para el Desarrollo que la UNESCO promueve, o con la idea de Freire al respecto de la educación con matices libertarios.

Este tipo de proceso educativo también plantea problemáticas en dos grupos, como les menciona Ferrater Mora (2004) el de los procedimientos y el del sentido; de procedimiento porque todavía se debe superar la cuestión al respecto de cómo desarrollarla, de sentido porque los campos de reflexión al respecto de sus alcances aun esperan a que se resuelvan las dudas al respecto de si es necesaria promover una cultura de participación o si es necesario que los sistemas de educación formales e informales le cobijen entre sus objetivos básicos.

Mucho se tiene que hacer al respecto, desde el ámbito teórico y del práctico, en ambos con una larga estela de experiencia que bien tiene claros ejemplos de efectividad pero poco eco en las agendas de acción y en los programas de desarrollo de nuestros gobiernos; en el campo práctico los expertos siguen “haciendo” y seguirán buscando formas más efectivas de abatir costos, disminuir tiempos y evidenciar más concretamente los resultados, en el campo teórico aún debemos sistematizar la información con respecto a como plantearla, desde lo que Suárez Díaz (2001) señala como dejar en claro quién es el sujeto de la educación, cuál su contexto, que tipos de contenidos, que alcances o fines y sobre todo que características metodológicas, lo cual nos hace evidente plantear una epistemología de la educación participativa, tópico que abordaremos en futuros textos.

4. ¿Es la Educación y la Participación un campo de la filosofía?

De manera unitaria encontraremos más fácilmente el lugar que ocupan en los cuestionamientos de la filosofía cada uno de estos conceptos, nuestro ejercicio será ubicarlos en conjunto, como unidad significativa.

Si consideramos que Bochenski (1980) precisa como terrenos de la filosofía al conocimiento, los valores, al hombre como centro de todo lo demás y al lenguaje, entonces encontraremos por lo menos los mismos cuatro campos para desde ahí analizar el lugar de la educación participativa.

Por ahora nos enfocaremos a analizar al hombre y su papel en los procesos de cambio por medio de la participación, dejaremos el conocimiento y el lenguaje para futuros análisis y retomaremos en el apartado cinco el terreno de los valores, cuando abordemos el tema de la moral.

Continua Bochenski (1980) distinguiendo a la filosofía de otras ciencias de acuerdo a su punto de vista, “cuando considera un objeto, lo mira siempre y exclusivamente desde el punto de vista del límite, de los aspectos fundamentales… es la ciencia de los fundamentos”.

Entonces ¿qué es lo que fundamenta a la educación participativa?

Según Cornman, Keith y Pappas (1990), uno de los cinco problemas fundamentales de la filosofía es la distancia que existe entre la libertad y el determinismo. Tenemos libertad para cambiar nuestro entorno, pero también estamos determinados por los sistemas sociales, políticos y culturales en que estamos inmersos, la línea que divide ambos momentos, la libertad y el determinismo, es tan minúscula y obvia que por momentos lo pasamos por alto: la información; una comunidad informada es un colectivo con libertad para elegir los lineamientos que determinarán la conducta de sus participantes, por lo menos hasta que consideren que ha sido rebasada y promuevan el cambio.

En ese sentido una filosofía de la educación participativa deberá preguntarse al respecto de sus procesos de enseñanza-aprendizaje, los espacios para su desarrollo, los agentes educadores que la conforman, los fines que persiguen, los contextos que le influyen y sobre la composición de sus métodos y técnicas, pero también deberá considerar la preparación del hombre en tanto que individuo y como ser social para afrontar tales niveles de intervención.

Se entiende entonces que la filosofía ha de tocar todos los aspectos que conforman su objeto de estudio, su metodología, sus antecedentes, sus límites y sus alcances, quizá por eso no sea complicado encontrar en ella el lugar que ocupa la educación participativa, tal como lo comenta Corona (2005) “la filosofía, se encarga de todas las partes del conocimiento, es por eso que existe filosofía de las matemáticas… y no matemáticas de la filosofía”.

5. Los limites de la moral y la moral como límite para la participación. Un ejercicio de Creatividad Social.

Cuando escuche decir a Tomás Rodríguez Villasante que uno de los obstáculos que debían superar los “técnicos creativos sociales” al intentar construir ciudadanía, era precisamente el de la desconfianza al respecto de programas de acción para la participación, emprendidos por grupos paraestatales o independientes, supuse que había un antecedente de frustración, decepción o fraude que mantenía ese grado de escepticismo en la gente, tal y como ocurre en los procesos electorales cuando llegan las promesas de campaña a nuestros oídos.

Poseer la información y la confianza de la gente implica un compromiso moral que no siempre se sabe sobrellevar, también para no verse rebasado o limitado por los valores que configuran una sociedad hay que saber educar y ser educado, en otras palabras también se requiere preparar moralmente al individuo para socializar responsablemente.

“Los valores no sólo están exclusivamente en la línea del tener y poseer, sino también en la de dar y en la de reconocer en los demás… los valores presentan la exigencia de comunicarse”. Santoyo (1998) Y es en términos de comunicación como podemos comprender mejor como es que la moral establece límites de participación, entiendo como los ruidos morales precisan comprender lo que se solicita que se haga, pero no tener ejemplos a seguir por parte de símbolos de autoridad en el grupo, ¿hasta dónde la moral se manifiesta como guía para los demás y no para el que la promueve?

Para Rodríguez Roa (2005) lo que “se necesita [es] abrir nuevos espacios institucionales en los que los estudiantes puedan experimentar [concebirse como]… productores culturales”, dicha responsabilidad les puede dotar de capacidades sociales de respeto en sí mismos y de sus entornos cercanos habilitándolos con valores necesarios para formar confianza nuevamente desde el núcleo de sus comunidades.

“Si bien los valores se constituyen individualmente, son sociales… se sabe que los valores no deben ser estudiados como una asignatura más… la escuela claramente no es el único agente de formación valoral.” (Schelmelkes, 1998)

La moral debe apreciarse por un lado como ese límite que se establezca entre quienes deben poner el ejemplo participando pro-activamente en la ciudad, es decir, en todos sus integrantes, y también debe considerársele a la moral y sus valores como convenios que la misma sociedad ha acordado respetar y que tienen señalado al reverso una fecha de caducidad, tampoco tienen valor absoluto e irrevocable, su misma naturaleza humana les condena a transformarse.

Lo que se concluye es que siendo la educación una tarea no sólo de la escuela o de la familia, debemos afrontar el reto de llevarla al plano urbano de manera responsable, pues se trata de formar no sólo consumidores sino productores culturales, que vean por el beneficio de los demás en su calidad de privilegiados del conocimiento, Santo Tomás creía que la sabiduría mal poseída podría conducir a muchos vicios, por eso la importancia de considerar a la moral en este proceso educativo. (Beuchot, 1992)

6. A manera de conclusión: La participación ciudadana y los retos de la educación.

En México existen programas que promueven la socialización responsable, lo que nos hace preguntarnos no hacia dónde se dirigen los esfuerzos por fomentar la educación participativa, sino plantearnos en que nivel de progreso se encuentra.

Al respecto se debe distinguir el ejercicio honesto de la acción proselitista, León Olivé (2000) argumenta que “se corre el riesgo de confiar al quehacer científico la propia ideología. Eso nos puede hacer caer en manos de charlatanes: los pseudocientíficos, como los charlatanes y los fundamentalistas religiosos (católicos, en nuestro contexto inmediato) “.

Casos como el de los Talleres de Creatividad Social de Villasante, de Madrid a Toluca, o como de Filosofía para niños de Lipman, de Estados unidos a Chiapas, son ejemplos claros de la posibilidad de cambiar el pensamiento pasivo del ser humano a un estado creador y democrático, muchas veces en contra de los mismos sistemas políticos que los colocan en ambientes adversos, con pocos recursos y sin brindar oportunidades de difusión de resultados, Echeverría (2000) lo pone en evidencia cuando señala que “en muchos contextos educativos se habla de la necesidad de formar niños y adolescentes críticos, reflexivos, que piensen por sí mismos; y sin embargo los materiales curriculares y los programas oficiales hacen el desarrollo de estas actitudes prácticamente imposible”.

Si bien encontramos que la práctica ha rebasado el sentido teórico de la educación participativa, no perdamos de vista que el hecho de que hasta ahora se este realizando la construcción de la participación ciudadana sin un contexto propio epistémico, no la exenta de requerir salir del oficio y convertirla en ciencia, con las ventajas y desventajas que esto conlleva, y ¿por que no?, participativamente, en una ciencia de todos y para todos, ya lo escribía Olivé (2000) “La comunicación pública de la Ciencia es un entorno que puede ayudar a aclarar o a oscurecer la imagen científica, porque la Ciencia es un bien cultural de propiedad colectiva.”

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Edgar Josué García es comunicólogo, actualmente estudia un posgrado en educación, es catedrático universitario desde 1996, es investigador y consultor en las áreas de ciudadanía, comunicación organizacional, metodología de investigación y sistemas de información para toma de decisiones. www.enredesweb.com Coordina y escribe coordenadas, musiclopedia, rumbos, coordenadas - observatorio y espacio abierto.
Tangamanga, Mayo 2007